Las personas apasionadas por su trabajo. Aquellos hombres, y aquellas mujeres, que aman lo que hacen y que eligen su profesión cada día.
Las que tienden una mano a los demás; las que se detienen a apreciar lo simple; las que, a pesar de haber dejado la niñez hace tiempo, siguen sorprendiéndose con lo cotidiano.
Esas personas que se enamoran de cada hermosa luna tucumana; las que veneran a nuestra Pachamana y, las que le cantan, cada día, al sol.
Las personas amables, que aunque sean desconocidas, nos regalan sonrisas en la calle. Las que miran el pasado y dicen: quiero un presente y un futuro mejor. Las que persiguen utopías pero que, con pequeños actos, intentan transformar algo de la realidad en la que viven.
Y podría continuar, con una larga lista de las cosas que muchas personas hacen y con las que, sin saberlo quizás, “están salvando el mundo”. El gran Jorge Luis Borges, lo expresó perfectamente en este poema, que cito a continuación:
Los justos
Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.