martes, 8 de mayo de 2012

Mario Albarracín, dibuja sus emociones con pinceladas de arte


Artista autodidacta tucumano, diseñador gráfico y padre. Un día asumió el desafío de demostrarle a su hija que él era un artista y se animó a mostrar sus trabajos: “pequeños murales” que guardaba en botes de vidrio, donde plasmaba todas sus ideas y sentimientos. Con el tiempo logró ganarse un lugar en exposiciones nacionales e internacionales, y hoy afirma que pintar con el alma, es la mejor técnica que conoce para realizar sus obras...sin límites, sin más inspiración que la misma libertad.
En plena tarea creativa // Foto: Mario Albarracín

De paseo por las calles de San Miguel de Tucumán, en 2007, un día entré al Centro CulturalEugenio Flavio Virla donde, desde lejos, una muestra llamó mi atención. 
Un mural de cinco metros, con colores vivos y símbolos que me interpelan; mi bandera en un cielo celeste y, abajo, algo que parece ser el infierno mismo. Dos  mundos diferentes y una historia por descubrir. 
Este mural intenta mostrar muchos sentimientos de la realidad de Argentina...la rebeldía hacia el purgatorio que vivimos por los pecados de quienes llevaron al país a una división tan marcada de clases y a la pérdida de esperanzas // Foto: Mario Albarracín
Ingresé, caminé unos metros y bajé las escaleras, hacia una de las salas. De inmediato, las obras que estaban colgadas me rodearon y atraparon todos mis sentidos. En el medio de ellas, sentado en un banco, estaba un hombre de cabello negro y largo, con barba y rasgos fuertes, pero de apariencia serena en su mirada. Expectante frente a sus Emociones Dibujadas, Mario Albarracín se presentó y charlamos unos minutos, donde comencé a conocer parte de su vida y de su carrera, que estuvo marcada  por el anhelo de perseguir sus sueños, por el trabajo constante, el sacrificio y por el amor hacia el Arte.
Años más tarde, en diciembre de 2011, por medio de las redes sociales, volví a tomar contacto con él, que generosamente respondió mis correos, gracias a lo cual pude terminar de escribir este texto.
 
Papá es un artista
Mario Albarracín es un artista plástico autodidacta, que nació el 18 de Mayo de 1972, en Los Ralos, una localidad ubicada al este de la provincia de Tucumán. De grande no llegaría al arte por los caminos del conocimiento intelectual, sino que lo haría por un camino más genuino: el del amor al arte.

“Es una manifestación interior del ser humano que busca una forma para materializarse. Demarca la historia de los pueblos ya que el artista absorbe la realidad y la transforma en un mensaje revelador de sentimientos”, afirma Albarracín, refiriéndose a su pasión.
Un día, Mario fue sorprendido por su hija mayor que, al regresar de la escuela, le contó que la maestra le había preguntado sobre la profesión de sus padres, a lo que ella respondió: Mi papá es un artista.
-¿Papá, vos sos un artista?, me preguntó. Sí, le dije, soy un artista. Y decidí demostrárselo.  Hasta ese momento yo guardaba mis pequeños murales en botes de vidrios, unos papelitos donde dibujaba todo lo que sentía; mis suspiros, mis ideas, mis “Emociones Dibujadas”. Pero al no tener una preparación académica en cuanto a técnicas, siempre me pareció lejana la idea de poder pintar y mantenía mis dibujos guardados o escaneados para trazarlos digitalmente.

Tiempo más tarde, en 2004, decidiría presentarse en la convocatoria que la UNT realizaba para su Salón de Artes, en su 90º Aniversario. En esa ocasión, Luis Benedit, un prestigioso artista argentino que falleció en 2011, era el encargado de seleccionar una serie de obras entre todos los artistas de la región que se presentaran. Mi sorpresa fue inmensa cuando supe que había sido seleccionado y que mi primer cuadro estaría colgado en un Salón tan importante. La sorpresa se duplicó cuando me contaron que el maestro Benedit había dicho que mi obra le aportaba lo más nuevo a toda la muestra. No gané ningún premio, pero gané un futuro, un aval importante para convencerme a mi mismo que no estaba equivocado, y convencer sobre todo a mi hija de que Era un artista, recuerda con orgullo.

Luego de esa satisfacción, en 2005, Mario pudo realizar la impresión de quince cuadros, para exponerlos en una Galería de Palermo, en Buenos Aires. Poco tiempo pasó hasta que las puertas comenzaron a abrirse y pudo llegar hasta Cuba, donde expuso dos de sus obras, en un Salón Internacional de Arte Digital, junto a artistas de distintas partes del mundo.

-Después de esas experiencias, empecé a probar de pintar en telas y con pinceles. Siempre voy descubriendo la técnica mientras pinto, creo que eso le da a mi obra un tono algo salvaje en cuanto al trazo y las pinceladas.

Dibujando emociones
Mario Albarracín recuerda que, desde su infancia, tuvo una relación muy especial con el arte.
-Desde niño dibujaba siempre, era mi diversión, mi juego. Nunca tuve juguetes caros o aparatosos como los de ahora, siempre usaba mi imaginación, era maravilloso “y gratis”. Me encantaba dibujar las calles con carbón o tiza. La pasión por el arte siempre estuvo en mí. Recuerdo que mi madre quería que estudiara a eso, pero el destino me llevó por otros caminos que hoy enriquecen más mis obras, alejadas de la técnica y el contenido académico, pero con una carga de vida y experiencia que me formaron como persona y como artista. Creo que mi presente es el resultado de un pasado de muchos sacrificios, errores, intentos y alegrías que hoy me definen.

En el año 2007, Mario realizó su primera exposición en el Centro Cultural Virla, la cual llevó el nombre de “Emociones Dibujadas”, y marcó un punto importante en su carrera como artista.

-Había presentado una carpeta sobre mi proyecto en la Dirección del Virla, en diciembre de 2006. Meses después, me enteré que estaba seleccionado. “Emociones Dibujadas” tuvo el valor del primer paso, fue un sueño cumplido. A partir de entonces, pude participar de diferentes Salones y muestras con antecedentes importantes dentro del Arte.

En Tucumán, dos años más tarde, logró ganarse también un lugar para exponer en el Museo Timoteo Navarro. Sus obras luego cruzarían el mar, para llegar hasta Asia,  algo nunca antes imaginado por él, que pudo mostrar  sus trabajos al otro lado del mundo.

Muestra en el Museo Timoteo Navarro // Foto: Mario Albarracín
 
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Mario Albarracín, además de ser artista plástico autodidacta, es diseñador gráfico y editorial. Trabaja como creativo en publicidad y dice que si pudiera dejar todo por la pintura, lo haría.

Su sencillez y el amor que siente por el arte se perciben en cada una de sus palabras, que se ven plasmadas en las obras que nacieron, y nacen,  a partir de lo cotidiano: en una parada de colectivo, en un patio de tierra o en sus recorridos por las calles de la ciudad.

-Me inspiran muchas cosas: la música, la poesía, el comportamiento humano en su totalidad. Me emocionan las cosas simples de la vida.

El trabajo, la perseverancia y su talento fueron claves para crecer en su carrera y llegar al lugar que hoy ocupa. “Es extraño; pasan por mi mente muchos años de no haber querido mostrar mi trabajo por sentir que un autodidacta no está a la altura de un pintor o un artista más preparado. Pero las ganas y mis sacrificios me convencieron. Todavía me resulta difícil ubicarme en la piel de un artista visual, sobre todo cuando la gente me saluda o me felicita. Sigo siendo el mismo, camino por las calles mirando las cosas simples igual que siempre, el lugar que ocupo me lo han dado mis dibujos que tanto quiero”, afirma.

Mario destaca además, que las políticas promovidas por los Gobiernos deben jugar un papel importante a la hora de apoyar a los artistas.

- En Tucumán tendría que mantenerse todo desarrollo que tienda a fortalecer nuestras raíces y costumbres; lo que cambiaría serían las políticas en cuanto al desarrollo cultural de los artistas locales, tanto desde un ámbito universitario como del Gobierno. Los artistas deben contar con apoyo ágil y consciente. Los ámbitos de cultura deben contar con profesionales en gestión cultural y no con empleados públicos sin vocación ni amor por el Arte. Deben generarse políticas de becas y concursos con jurados nacionales para incentivar a los jóvenes y también lograr que los medios de comunicación ejerzan una comunicación más educativa que sensacionalista en cuanto a la Cultura.

Tres, dos, uno… Fin
¿Un sueño?
Cambiar el paisaje urbano de Tucumán, pintar muchos murales, porque si la gente no va a los museos hay que sacar el arte a las calles.

¿Una técnica de trabajo?
Pinto con el alma, es la mejor técnica que conozco.

¿Tú obra preferida?
-Se llama “Musiqueros”, unos violinistas casi duendes. Es el primer cuadro que enmarqué, tiene valor sentimental.
El autor posando junto a la obra Musiqueros // Foto: Mario Albarracín

¿Una reflexión?
- Hacer, siempre hacer, nunca parar de intentar, transformar la palabra “error” en “intento”. Lo principal es ser una buena persona, y después buscar los sueños, siempre haciendo bien las cosas, aprendiendo el valor del sacrificio. Como artista autodidacta, creo que hay muchos caminos para llegar a las metas personales, algunos son más largos y sacrificados, pero nunca hay dejar de mirar el objetivo. La educación es la clave.

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Tiempo después visité el Blog que Mario Albarracín tiene, y ahí pude entender a qué se refería cuando en una parte de la entrevista dijo que, si pudiera volver a nacer elegiría ser poeta o músico. Ahora los invito a conocer su espacio en la web, donde podrán empaparse de prosa y arte; de sencillez y talento; de lo cotidiano y de la mixtura que se vislumbra en cada una de las obras de este artista autodidacta tucumano. 

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